Hoy en TresCuatroTres contamos con la presencia de Víctor M.Serrano López, abogado murciano especialista en Derecho Deportivo y representante de futbolistas, función esta que ejerce a través de la agencia que dirige, Golden Sur. Pese a encontrarnos en la época del año con más ajetreo con la reciente apertura del mercado de fichajes, Víctor ha podido hacer un hueco en su apretada agenda para contestar amablemente nuestras preguntas en relación tanto con su profesión como con la actualidad.

En un mundo tan frívolo, ¿cómo consigue ganarse la confianza del jugador?¿qué hace que se decante por un representante?

Este mundo es frívolo si tú permites que lo sea: para ganar la confianza de un jugador debes trabajar la dimensión humana, no hay otro secreto. Puedes comprobar el retorno positivo de tu cliente cuando le muestras que tienes por él una preocupación sincera, un interés por su entorno y por remover los obstáculos que se interponen en su carrera. Pero claro, esa labor lleva tiempo.

Debes estar en contacto permanente con él. No puede ser que firmes un contrato de representación el primer día y te olvides de él hasta el próximo mercado de fichajes. Un ejemplo: yo me he presentado en un entrenamiento a las diez de la noche sólo para esperar a un futbolista que me interesaba (al que no conocía personalmente) y expresarle en cinco minutos mi interés en colaborar con él. Estás empezando a fidelizarlo incluso antes de establecer un vínculo profesional con él, los jugadores valoran mucho esos detalles.

¿Qué le parece el caso del Barcelona con la sanción de la FIFA por fichar jóvenes?

Soy de la opinión de que siempre debe prevalecer el interés del menor. No se puede jugar con eso. Ahora bien, no siempre es fácil determinar cuándo está prevaleciendo este interés: ¿se salvaguarda mejor garantizando que el menor siga junto a su familia hasta cumplir 18 años en un país deprimido y sin recursos? O, por el contrario ¿resulta más favorable integrarlo en una sociedad que le va a dar todas las herramientas formativas y culturales posibles y además le concede la oportunidad de abrirse camino a través del fútbol?

En este sentido creo que los presupuestos que recoge el Reglamento sobre el Estatuto y la Transferencia de Jugadores son coherentes cuando se pretende llevar a cabo la transferencia internacional de un menor: si tanto interesa ese jugador a un club, éste debe promover las condiciones necesarias (residencia, trabajo…) para que la familia del jugador pueda desplazarse e integrarse en una nueva sociedad, evitando al menor el cambio traumático que le supondría alejarse de su entorno más cercano. Y si estas disposiciones (razonables, como ya digo) son incumplidas, la consecuencia lógica es la sanción.

Teniendo en mente casos como Balotelli o Adebayor, ¿qué medidas se pueden tomar para proteger a un futbolista de sí mismo o de un entorno perjudicial?

Seamos sinceros, algunos jugadores son portadores de un gen “autodestructivo”, y tropiezan con la misma piedra una y otra vez. A algunos se les puede reconducir, plantearles con cierto dramatismo la consecuencia de un futuro distópico, y si son listos te entienden. Pero con otros es complicado: si se han criado en un entorno conflictivo, sin prioridades ni escala de valores, hay poco que hacer. No puedes apartar a un jugador de la familia en que ha nacido, ni imponerle con quién debe o no debe ir, porque no eres su tutor, sólo su representante. Le aconsejas, pero no tienes carta blanca para controlar su vida. De todas formas, el malditismo siempre ha estado presente en el fútbol, y ha habido futbolistas que mientras caían nos dejaron un vuelo muy hermoso… estaba pensando en George Best.

¿Qué opinión tiene sobre los fondos de inversión?, las autoridades europeas los quieren prohibir pero muchos clubes los consideran como la única tabla de salvación a la hora de hacer buenos fichajes.

El fútbol es un ámbito mercantilizado, y los fondos de inversión son agentes económicos que han encontrado su hábitat en este sistema mercantilista igual que en cualquier otro. Son una consecuencia lógica de la ley de la oferta y la demanda, tienen cabida en el espacio del fútbol reglado porque otros operadores de este mercado los necesitan. Existe una relación “quid pro quo”: los clubes obtienen un rendimiento deportivo de un futbolista que de otra manera no podrían contratar; y los fondos de inversión consiguen una rentabilidad económica de la revalorización del jugador. No veo motivo para prohibirlos mientras no desnaturalicen la competición.

Me parece un gran ejercicio de hipocresía querer vetar el paso a los fondos de inversión sobre el argumento de que “constituye una forma moderna de esclavitud” o que “los jugadores no son mercancía”, para, simultáneamente, permitir la imposición de cláusulas de rescisión de doscientos millones de euros por traspasar a un jugador.

¿Preparan los representantes a los futbolistas jóvenes para la posible frustración de no cumplir las expectativas que muchos de ellos se crean?

Desde mi experiencia, más que prepararles para la frustración, intento evitar que aparezca la frustración. Busco que estos jóvenes sean mentalmente fuertes, porque ello les dará más posibilidades de éxito en el futuro. Esto se consigue trabajando con ilusión, pero apartando expectativas irreales y cortoplacistas. Y sobre todo, un consejo: si has cometido un error, analiza qué salió mal, desahógate y destiérralo de tus pensamientos. No te obsesiones con ello o el error se quedará a vivir en tu cabeza.

¿Cómo es la relación de un representante con futbolistas de corta edad (10-14 años)? ¿Se fomenta la formación y el estudio? ¿de qué manera?

Los futbolistas de corta edad son la apuesta más arriesgada. Cuanto más jóvenes, el factor de riesgo es mayor, porque influyen muchas más variables en el entorno y la personalidad del jugador que no puedes controlar (y durante mucho más tiempo). Además, en estos casos, lo más ético es consensuar con los progenitores cualquier estrategia o decisión. Por tanto, se añade otra dificultad: ya no gestionas individualmente los intereses del futbolista, sino que también entran en liza las motivaciones de los padres que (lógicamente) quieren lo mejor para sus hijos. A esto hay que sumar que, al amparo normativo del nuevo Reglamento, el representante tiene prohibido obtener contraprestación económica por su labor si el futbolista es menor de edad. Como puede ver… ¡aún existe romanticismo en el fútbol!

Por descontado, cuando trabajamos con menores intentamos promover una formación personal saludable e inculcarle la predisposición por el estudio. Procuramos la llegada de nuestros representados a canteras de clubes que cuentan con centro formativo y/o residencial, que aúnan un crecimiento integral (tanto académico como deportivo). Ahora bien, nuestro margen de influencia tiene un límite: en última instancia, la figura con más autoridad respecto a un menor son sus padres, no su agente.

¿Cómo debe afrontar un representante el tener que negociar con un equipo del que es seguidor?

Hay que ser profesional y tener conciencia de que estás gestionando unos intereses ajenos.  Debemos dejar la bufanda en casa cuando nos sentamos a negociar. Pero, además, le diré otra cosa: soy más seguidor de mis representados que de cualquier equipo del mundo.

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