Los aficionados valencianistas llegan al final del invierno e inicios de primavera cansados y angustiados por el rumbo de un club al que desconocen por completo. El graderío de Mestalla desea que cuanto antes llegue el verano y se termine de una vez esta pesadilla liderada por Peter Lim.

Uno de los mejores entrenadores de la historia del Valencia CF, Rafa Benítez, es el autor de una de las míticas frases de la historia ché:quedan dos meses de aguantarnos. Entonces fue en una rueda de prensa previa a unos cuartos de final de la Champions, de un Valencia que vivía semanas tensas tras varios malos resultados que le alejaban de una Liga de la cual había sido campeón el curso anterior (2001-2002).

Aquella frase tenía la intención de motivar a una plantilla en cierta depresión donde los problemas personales entre los jugadores, la relajación y el malestar entre una afición acostumbrada a tocar el cielo meses antes, podía poner incluso en peligro la clasificación para la siguiente Champions League. Curiosos años aquellos en los que no se valoraba lo que uno tenía en la mano. Ahora la situación es bien distinta, pero esa misma frase se puede escuchar por la grada de Mestalla las últimas semanas y está en la mente de muchos valencianistas cansados de tanta farsa en un club desnaturalizado.

Nadie en el palco

En casi su centenaria historia (en dos años celebrará los 100 años) el Valencia ha sufrido muchas decepciones (incluso un descenso, que por suerte solo los mayores recuerdan) y siempre había un destino al cual dirigir el pañuelo blanco. El público de Mestalla, muy exigente sí, pero también muy entregadoa su club tanto en las malas como en las buenas, siempre ha tenido un personaje al cual dirigir sus críticas, y como si fuese un coliseo romano su opinión podía suponer la caída del gladiador de turno o salvarle la vida.

Mestalla “ha tirado” a presidentes fuera del palco (Manuel Llorente el último que se marchó tras una sonora bronca de su grada) y también a entrenadores (“Quique vete ya”, “Nuno vete ya”…) El aficionado che siempre se ha sentido soberano de su club, los accionistas mayoritarios manejaban su propio “juego de tronos” moviendo sillas pero Mestalla decidía. Ahora ya no. Desde hace dos años, el todopoderoso Peter Lim es dueño y señor del club y la grada ha perdido ese poder.

En ese sentimiento de frustración de no poder manejar su club está la falta de una fuerte manifestación de Mestalla ante una situación deportiva pésima. El magnate Peter Lim (quién no ha salvado económicamente al club como prometió, lo único que ha hecho es refinanciar la deuda para dentro de unos años se vuelve a tener el mismo problema económico) dirige la entidad ché a distancia. Solo se ha acercado en los mejores momentos del club, hace ya dos años cuando el Valencia de Nuno, sin jugar a nada, ganaba y se clasificaba para Champions y el visitaba a su equipo en los partidos más atractivos: frente Real Madrid, Barcelona…

Desde que el barco empezó a hundirse Peter Lim no aparece por Valencia. El trono del palco de Mestalla está vacío. La presidenta actual Lay Hoon que dice ser la reencarnación de su dueño en Valencia (“yo soy Peter Lim y yo estoy aquí” dijo hace unos meses) para responder ante una afición molesta a que su líder esté desaparecido en combate. Pero a la vez esta mujer reconoce que cada decisión que toma la tiene que consultar a Singapur, y para ello argumenta es necesario que se pase más tiempo allí que aquí, mira que no habrá teléfonos, o ese mundo mágico de internet desconocido más allá de nuestras fronteras, al parecer.

Lay Hoon, es la presidenta actual del club y mano derecha de Peter Lim en sus negocios.

En definitiva, en Valencia no hay nadie al que enseñarle el pañuelo, al que quejarse directamente, al que cantarle y que él escuche el “vete ya”. Los que están en el palco son acompañantes de un fantasma que no aparece y el cual tiene desesperados a unos valencianistas cansados de proyectos basura, que ni convencen, ni terminan de cuajarse porque a los pocos meses se destruye por completo (de los grandes fichajes de la era Nuno, se pasa a la gente joven de la época Neville, luego a los meses de gente con experiencia en comandados por el líder italiano Prandelli, para terminar en que los hombres de la casa salven al club del desastre del descenso con la figura de Voro en el banquillo).

Nadie en el césped

Si para un aficionado ché es deprimente ver el palco. No se ve al propietario, ni a un presidente/a de verdad que tome las decisiones. Ni incluso a un Director Deportivo que dirija las pautas deportivas de la entidad (ahora acaban de nombrar a Alexanco, quién hace meses confesó que no se veía en ese puesto y que no tiene experiencia en ese cargo). Ver lo que el Valencia tiene en el césped asusta más.

En esa misma rueda de prensa famosa de Benítez en la que soltó esa frase que hemos citado antes, el entrenador dijo: “la ilusión hay que renovarla cada día y si no, hay que preguntarse si se quiere seguir aquí”. Lo más triste que en Valencia todos, los vivos y los muertos, saben que muchos jugadores de la plantilla no quieren continuar en Mestalla.

Parejo, el capitán del club, quiere marcharse desde hace años por falta de cariño desde la grada. Quizá se olvide él de otra falta, la de profesionalidad cuando uno es más protagonista por sus juergas que por la regularidad de los partidos decentes realizados en el club que le paga. Y la gran mayoría de la plantilla está pensando más en donde irá él que a donde irá el club. Por ello, ante el Madrid, Barcelona, Atlético…parecen otros, parecen jugadores intensos, parecen un equipo, incluso un buen equipo! Pero ante el Alavés, el Leganés, el Sporting, el Eibar…parecen estar haciendo las maletas y que en medio les haya pillado un partido de fútbol.

Y en todo esto, está claro que mucha culpa la tienen los que organizaron y diseñaron esta plantilla, pero claro, como ya dijimos, esos están en el palco. Y en el palco no hay nadie.

Mestalla. Al final queda Mestalla. El aficionado ché cansado, angustiado, porque ve a un club que año tras año repite los mismos errores, y que cada vez se acerca más al precipicio del descenso. Y cuidado, una vez se caiga ahí, el equipo no bajará, desaparecerá. El Valencia cuenta con una deuda tan importante en su maleta de viaje desde hace años que si cae no tropieza, muere. Lim ha empeorado notablemente la situación deportiva del club, pasando de pelear por meterse en Champions a luchar por la salvarse de la quema del descenso. Pues bien, económicamente el club a penas ha dado pasos hacia delante, más bien lo contrario. La deuda sigue siendo la misma, monstruosa. Los ingresos han bajado y mucho al no jugar en Europa. Y la gran solución al futuro del club, el nuevo estadio, sigue siendo un “donuts” de cemento que con el paso del tiempo se está deteriorando. Este es el legado de Peter Lim.

Así están las cosas por Mestalla. Como decía, quedan tres meses (para el final de la Liga) para aguantar y sumar los puntos necesarios para salvarse cuanto antes. Una vez pasado el terrible miedo a un descenso dramático tocará mirar al futuro.

Sobre El Autor

El balón es mi mejor amigo (como dirían Oliver y Benji), y la comunicación es mi pasión. Soy periodista y cuento con experiencia en diversos medios de comunicación en España y Reino Unido (Cadena Ser, CNTimesLive…). Durante varios años he seguido el día a día de la actualidad del Valencia CF, Levante UD, y Valencia Basket. Los estadios son mis templos, y el fútbol mi religión.

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