En la mayoría de países, la elección del mejor jugador de todos los tiempos es una tarea fácil. En Brasil es Pelé, en Portugal es Eusebio (a la espera de que C.Ronaldo termine su carrera), en Holanda es Cruyff y así sucesivamente. Por contra, en Inglaterra las cosas se ponen difíciles, ya que son varios los candidatos.

Kevin Keegan es uno de esos talentos, y aunque nadie se atreve a nombrarle el número uno del país anglosajón por encima de Bobby Charlton, Bobby Robson o Gary Lineker, entra sin duda  en el “top 5”. Hoy en Leyendas, repasamos la historia del apodado como “super ratón”.

Nacido cerca de la ciudad de Doncaster, el sueño de Keegan fue el de jugar para los locales Doncaster Rovers, pero por desgracia para ellos, Keegan acabó por rechazarles al llevarle el equipo a juicio por problemas con otro canterano del club.

Aunque decepcionado, Keegan continuó entrenando con el Club de Enfield Casa de la Juventud, antes de ser descubierto por el Scuntorphe Unidos en 1967, a los 16 años. Sólo necesitó un año en el club de los jóvenes para impresionar al gerente de la selección absoluta, Bill Shankly, quien lo llevó al primer equipo y lo hizo jugar, a pesar de su temprana edad, con regularidad. Las estadísticas en sus primeras 3 temporadas no fueron extraordinariamente destacadas (18 goles en 124 partidos de Liga), algo normal ya que Kevin Keegan nunca sería un delantero que anotara goles sin esfuerzo, muy diferente a otras estrellas británicas, como por ejemplo Gary Lineker.

Kevin Keegan era más un creador de juego que un goleador y su talento y creatividad lo llevaron al punto de mira del Liverpool, equipo al que finalmente se incorporó en 1971.

Los aficionados del equipo de Anfield lo recibieron en volandas y disfrutaron de su carismático estilo de juego. Allí no tuvo presión por anotar y cada asistencia suya era celebrada como un gol. El reconocimiento por parte de la hinchada red solo hacia crecer y crecer.

Kevin Keegan con la camiseta del Liverpool F.C.

Kevin Keegan con la camiseta del Liverpool F.C.

En 1973 el Liverpool, donde Keegan repartía asistencias por doquier, alcanzaba el título de Liga después de 7 años de sequía, así como la Copa de la UEFA para concluir en el año siguiente (1974) con la consecución de la FA Cup.

No obstante, sería 1977 el año glorioso del equipo inglés ya que ganaron la ansiada Copa de Europa y llegaron a la final de la Copa. Sin embargo Keegan tomó una decisión que dejaría tanto a él como a los aficionados del Liverpool con los ojos llorosos: decidió fichar por el Hamburgo alemán. Tras 7 temporadas de éxito, los caminos del Liverpool y de Kevin Keegan se bifurcaban.

Su traslado al país germano demostró ser un impacto inmediato para el club así como para el jugador. El Hamburgo pasó de ser un club de mitad de la tabla a convertirse en un equipo ganador, llegando a obtener la Busdesliga y ser finalista de la Copa de Europa que perdería contra el histórico Nottingham Forest. Por su parte, Kevin sería galardonado por dos veces (1978/1979) con el Balón de Oro.

Después de 3 exitosas temporadas en Alemania, Kevin Keegan decidió regresar a Inglaterra en 1980, jugando en el Southampton durante dos campañas.

El pasar de un club puntero a uno “perdedor”, parece ser la seña de identidad en la carrera de Keegan. Cambió la Copa de Europa ganada por el Liverpool por un equipo más pequeño de Alemania, el Hamburgo. Cuando el Hamburgo logró un nuevo status en la Bundesliga y se metió en la final europea, Keegan decidió de nuevo cambiar de aires yéndose al Southampton, conjunto casi novato en la primera división inglesa.

En 1982, después de una disputa con el entrenador de Southampton McMenemy (algunos dicen que se debió al hecho de que Keegan no participara en un partido contra el Aston Villa) se repitió la historia, y volvió a fichar por un equipo menor. Esta vez de la Segunda División, el Newcastle United. A pesar de jugar sólo dos temporadas allí, fue venerado (y sigue siéndolo) como el Dios que ayudó al equipo a volver a la Premier.

Podemos decir que además de su clase, se caracterizó por su necesidad de protagonismo en cada uno de los equipos en los que militó. Una vez que estos fueron grandes, Keegan decidió poner rumbo a un lugar donde fuera venerado de nuevo, donde nadie le hiciera sombra.

Así fue Kevin Keegan, grande entre los grandes.

(Artículo original escrito por: Antonio Moreno)

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.