Recuerdo que cuando era niño no tenía mayor preocupación que la de salir pronto del colegio e ir a darle patadas a un balón, o lo más parecido a éste. La vida era maravillosa, cuestión ésta que se hacía extensible a lo que sucedía en el terreno de juego.

Pero he aquí que llegó el verano de 1994, Mundial de Estados Unidos. El combinado nacional, dirigido por Javier Clemente, logró clasificarse como segunda de grupo tras enfrentarse a la potente Alemania (1-1), Bolivia (1-3) y Corea del Sur (2-2).

Posteriormente, en las eliminatorias directas, España pasaría por encima de Suiza (3-0) para colarse en lo que, en aquella época, era un éxito prácticamente sin precedentes: Cuartos de Final. Teníamos una cita con la historia, y nos esperaba Italia.

El conjunto azzurri contaba (fiel a su tradición) con un bloque que concedía pocas ocasiones, merced a su gran defensa, así como a una serie de jugadores de medio campo también proclives a la causa defensiva. Pero si algo diferenciaba a los italianos de anteriores selecciones era el número 10, Il Divino, Roberto Baggio.

Aquel 9 de Julio de 1994 España e Italia pusieron en liza los siguientes onces:

EspañaItalia
Andoni ZUBIZARRETA (C)Gianluca PAGLIUCA
Albert FERRERAntonio BENARRIVO
ABELARDO FernándezAlessandro COSTACURTA
Jorge OTEROMauro TASSOTTI
Andoni GOIKOETXEAPaolo MALDINI (C)
Jose María BAKERORoberto BAGGIO
SERGI BarjuánDemetrio ALBERTINI
LUIS ENRIQUEAntonio CONTE
José Luis Pérez CAMINERORoberto DONADONI
Rafael ALKORTADino BAGGIO
Miguel Ángel NADALDaniele MASSARO
Javier Clemente (E)Arrigo Sacchi (E)

Los italianos se adelantaron en el marcador en el minuto 26 gracias a un trallazo imponente de Dino Baggio. España, según recoge la crónica de “El Mundo Deportivo, anduvo durante la primera parte muy gris y vulgar.

En el segundo tiempo, la reacción del equipo de Clemente (dando entrada a Hierro y Julio Salinas) no se hizo esperar. Caminero empataría en el 59 y posteriormente Julio Salinas fallaría un claro “mano a mano” con Pagliuca, lo que hubiera supuesto el 2-1.

“No volví a jugar con Italia, ¿qué más quieren?.” – Mauro Tassotti

Justo cuando todo hacía presagiar que iríamos a la prórroga, apareció Roberto Baggio quien en el minuto 87 dribló a Zubizarreta cruzando al palo contrario ante la impotencia de Abelardo. 1-2 para Italia y poco más que un milagro para España.

Milagro que pudo haberse producido si el colegiado Sándor Puhl (quien sería “premiado” con la final del torneo) hubiera visto un claro codazo de Tassotti, dentro del área, a Luis Enrique en el tiempo de descuento. Andoni Goikoetxea recibió el balón en la banda derecha y colgó un centro al que no pudo llegar el asturiano ya que este se retorcía en el suelo con la nariz ensangrentada.

Posteriormente Tassotti, en declaraciones al Diario Marca, manisfestaría: “Jamás tuve la intención de hacerle daño, porque ningún futbolista piensa eso en el campo. Era un balón cruzado desde la derecha, vi que me ganaba el sitio y traté de proteger la posición con el brazo, no con el codo. Al principio, cuando le vi sangrar, no entendía qué pasaba, sabía que le había dado, pero no pensé que le hubiera hecho eso. No volví a jugar con Italia, ¿qué más quieren?”.

Aquel día fue la primera (y única) vez que lloré viendo fútbol. No fueron lágrimas de tristeza, sino más bien de impotencia.

Un ensangrentado Luis Enrique muestra al colegiado húngaro Sándor Puhl la consecuencia del brutal codazo de Tassotti

Un ensangrentado Luis Enrique muestra al colegiado húngaro Sándor Puhl la consecuencia del brutal codazo de Tassotti

Sobre El Autor

Fundador y Director

Nací en Murcia y crecí viendo al Barcelona de los Romário, Laudrup y Stoichkov. El fútbol de posesión y la figura del 4 son las claves.

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3 Respuestas

  1. Pedro de la Fountain

    Tremendo momento que marcó a una generación. Suerte que en los últimos años la roja ha logrado hacer olvidar todos aquellos momentos entre los que se encuentra este del mundial de USA.

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  2. Julián Hernández

    Apenas tenía 6 años en aquella fecha por lo que no me acuerdo bien. Sin embargo al ver los videos y lo que me contó mi padre, fue una injusticia tremenda. Podíamos haber hecho cosas grandes aquel mundial si no hubiera sido por un árbitro ciego y un delantero (Julio Salinas) con el punto de mira desviado.

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