¿Quién una vez concluidos los 94′ de partido no se ha arrepentido de una decisión mal tomada? Durante el partido, en ocasiones a más de 130 pulsaciones se hace muy complicado acertar en todas nuestras conductas y acciones. De ahí a lo mejor el error de Marcelo el pasado domingo de no hacer falta a Sergi Roberto. El cansancio acumulado le impidió hacer una valoración in situ de los pros y los contras de cometer esa falta. La conclusión más rápida a la que llegaría, en mi opinión, es de que no es necesaria la falta, estamos a 70 metros de nuestra portería, pero no era consciente de los desajustes de su equipo.

Este detalle es el que me hizo recordar varias situaciones personales e impersonales de mis años en los banquillos. Errores que “a toro pasado” nunca cometeríamos pero que con el estrés competitivo la decisión es otra. Solemos asociar la toma de decisiones únicamente a conductas técnico-tácticas, pero el jugador tiene que decidir en todo momento, no solo con balón, ni tan siquiera con el balón en juego.

Recuerdo partido como local en el que llegamos al descanso con un 0-2 que para nada reflejara el buen juego que habíamos hecho. Durante los quince minutos de receso les insistí en seguir haciendo lo mismo, que solo nos faltaba que el balón entrara y que fuéramos con insistencia a por los 3 puntos. Pues bien, lo que pasó en la segunda parte fue que dominamos todas las facetas del juego, las fases ofensiva y defensiva y las transiciones, el rival no pasó de medio campo.

En el minuto 90 conseguimos el gol del empate. En el 92′ el arbitro señala una falta en medio campo a favor nuestra. ¡Bien! pensé, ya está. Nada más lejos de la realidad, uno de nuestros mediocentros coge el balón y saca la falta rápido buscando sorprender a un equipo replegado en su propio campo y con un centro frontal, muy fácil de defender para el rival. Ellos despejan y la jugada acaba en gol. Lo que en principio debería ser una situación ventajosa para nosotros acabó convirtiéndose en una pesadilla. La decisión de este jugador había sido nefasta. Hay una máxima en el fútbol, “lo que no lograste en 80′ no lo pierdas en 10′”. La falta tenía que tardar en sacarse un minuto por lo menos y así “matar” el partido. En la cabeza del jugador solo estaban los 3 puntos.

En otra ocasión viendo un partido de juveniles del equipo que yo entrenaba, a falta de unos minutos y con 1-0 a favor para los nuestros, nuestro último hombre es rebasado y el rival encara portería. La decisión que toma en este caso el central sorprende a propios y extraños. Le hizo un placaje, sí, un placaje. Su valoración fue: falta fuera del área, roja directa y mi equipo 5 minutos con uno menos. Malo será. Tal cual, la falta no acabó en gol, su equipo jugó 7 minutos con uno menos y se llevaron los 3 puntos. En este caso, no apruebo la agresividad de la acción, la decisión fue “correcta” o al menos el resultado fue positivo.

Lo que me gustaría reflejar es que en el fútbol no todo gira en torno al balón. Hay que tomar miles de decisiones durante el transcurso de un partido y es más que probable que en muchas de ellas nos equivoquemos. Por eso soy partidario de que en la medida de lo posible se equiparé el nivel de estrés de un partido a los entrenos. Ya sé que es imposible, pero no lo es tanto conseguir esa fatiga emocional. Obligar a pensar cansado nos ayudaría a la hora de competir.

Sobre El Autor

Entrenador Nivel 2, dirige la sección "La pizarra de Héctor"

Estudié Ciencias de la Actividad Física, soy Técnico en Psicomotricidad y entrenador de fútbol, mi pasión de siempre. Llevo entrenando desde los 18 años y lo que más me gusta es el trabajo de campo, el contacto con el jugador, la tarea y sus evoluciones. Mis gustos se decantan hacia el fútbol de toque, vistoso y con ritmo, digamos que el Barça de Rijkaard es una referencia.

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