En la temporada 2003 – 2004, el Deportivo de La Coruña alcanzaba las semifinales de la Champions League. Eran tiempos de verdes laureles para los gallegos, muy distintos a los actuales, pero aun así era un sorprendente semifinalista en una ronda que en esa temporada contaba con otros acompañantes inesperados, ya que los otros tres equipos que quedaron en competición fueron Mónaco, Chelsea y Oporto, a la sazón, su rival.

Fue la temporada de la inolvidable remontada ante el Milan. Tras caer 4-1 en San Siro, Riazor vivió la fiesta del 4-0 que pasó a los libros dorados de la historia de este club. En aquel Oporto, que acabaría derrotando al Mónaco en la final y dándole la primera Champions a José Mourinho como entrenador, había jugadores que hoy nos suenan por haber pasado después por equipos españoles: Maniche, Costinha, Vitor Baía o Deco. Con ellos la campaña anterior había formado Jorge Andrade, un joven central prometedor a quien el Deportivo había fichado para aquella campaña.

El partido de ida de esta semifinal, jugado en Oporto, entraba en los últimos minutos con empate a cero y sin mucho que reseñar cuando tras un balón recibido de espaldas por Deco en zona de mediocampo coruñes, Jorge Andrade, que llegaba a su espalda, cometía falta sobre él. Deco se dejaba caer y Andrade, íntimo amigo, excompañero de vestuario la temporada anterior, le daba una mínima patada mientras el jugador local estaba en el suelo, una especie de palmadita con el pie que quería decir algo así como “no exageres que somos colegas”.

 

El árbitro, el alemán Markus Merk, lo entendió como una agresión y expulsó al central deportivista, que rogaba al colegiado repitiendo una y otra vez “Is my friend, is my friend” (“Es mi amigo, es mi amigo”), sin recibir clemencia por parte del trencilla. El propio Andrade declaró después que se notaba que el árbitro era alemán, que por eso no entendió lo que había ocurrido.

Sea como fuere, en el partido de vuelta, tras el 0-0 del Estadio do Dragao, por la sanción de Andrade, formó como titular César Martín, quien cometió un absurdo penalti sobre Derlei que el propio delantero transformó y supuso el único gol de la eliminatoria.

Un 0-1 que dejó al Deportivo fuera de la final, enfiló al Oporto a por la Champions y a Mourinho hacia la gloria… y tal vez, por una broma a destiempo de Jorge Andrade. Se ve que el fútbol es mal lugar para bromas entre amigos.

Sobre El Autor

Director Adjunto

Futbolero y colchonero desde 1978. Sé por qué soy del Atleti, pero no puedo explicarlo. Si quieres hablar de fútbol, aquí tienes un amigo.

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