Durante esta temporada que recién empezó, voy a recordar nacimientos y/o fallecimientos de entrenadores o jugadores históricos o fechas de algún acontecimiento futbolístico importante que coincidan con el día que me corresponde escribir en TresCuatroTres. La semana pasada recordamos el 107 aniversario de la fundación de la Real Sociedad. Hoy nos vamos de cumpleaños a Italia.

Cromo de Fabio Cannavaro

Cromo de Fabio Cannavaro cuando militaba en el Napoli

Porque un 13 de septiembre de 1972, nacía en Nápoles un defensa extraordinario. Campeón del Mundo con la selección transalpina en 2006, redondeó ese magnífico año con la consecución del Balón de Oro y del premio a Futbolista del Año de la FIFA. No hace falta más para presentar a Fabio Cannavaro.

Debutó en 1992 en la filas del club de su ciudad natal; se consagró en Italia en la filas del Parma (campeón del Copa de la UEFA 98/99); pasó por el Inter de Milán, la Juventus de Turín y por el Real Madrid, donde logró ganar dos Ligas. Regresó nuevamente a La Vecchia Signora para jugar un año, antes de su retiro como profesional en el fútbol árabe. Vistió en 135 ocasiones la camiseta selección italiana, participando en 4 Mundiales y 2 Eurocopas.

Lo que más me gustaba de Fabio era su inteligencia para posicionarse en defensa, la contundencia de sus acciones y la potencia en el salto. Pese a medir 1´76 metros, Cannavaro se mostraba seguro y eficaz en el juego aéreo. Sus prestaciones defensivas fueron decisivas para que Italia lograra el título Mundial en 2006. Su brillante actuación, acompañada de otras desafortunadas de las estrellas mundiales del momento, le valió para lograr el Balón de Oro.

Supongo que al bueno de Fabio no se le ocurrirá decir que tiene más balones de oro que Xavi. No creo tampoco que Cannavaro sea de los jugadores más buscados en Internet. Estas dos circunstancias no son significativas para ser recordado como uno de los mejores defensas que vi sobre un terreno de juego, aunque para Cristiano Ronaldo sean aspectos fundamentales.

Sobre El Autor

Apasionado del fútbol y Bético por encima de todas las cosas. Continuamente pendiente de la actualidad del club verdiblanco, disfruto y sufro con las alegrías y sinsabores del Betis. Ser Bético es real como la vida misma, ya que uno aprende a levantarse tras continuas caídas. Y ahí está la verdadera fuerza del Betis: en sobrevivir a los contratiempos.

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