No voy a entrar a discutir la filosofía de fichajes del Athletic. Diré que me gusta. Diré que a veces estiran mucho “la norma” para poder conseguir algún jugador interesante. Ahí tenemos el caso reciente de Youssouf Diarra. Para los que quieran salir de dudas, en la propia web del club la definen así:

“Nuestra filosofía deportiva se rige por el principio que determina que pueden jugar en sus filas los jugadores que se han hecho en la propia cantera y los formados en clubes de Euskal Herria, que engloba a las siguientes demarcaciones territoriales: Bizkaia, Gipuzkoa, Araba, Nafarroa, Lapurdi, Zuberoa y Nafarroa Behera, así como, por supuesto, los jugadores y jugadoras que hayan nacido en alguna de ellas.”

En la práctica, el escaparate en el que los rojiblancos suelen mirar tiene “tienda” en Pamplona, pero también cotillean de vez en San Sebastián, Vitoria o Éibar. Ello implica que periódicamente surge algún conflicto por un “quítame aquí un alevín”. Este año, la marejada la ha protagonizado Javier Areso, lateral juvenil de Osasuna, que ha fichado por el Athletic al haber abonado éste la cláusula de rescisión del chaval, tasada en 450.000 euros. Al fin y al cabo, los bilbaínos no hicieron otra cosa que lo que desde Pamplona les recomiendan constantemente: paga la cláusula y déjate de tonterías.

Javier Areso

Javier Areso

Pero dicen los jefazos de Osasuna que el Athletic no se ha sentado a negociar, que era lo que ellos querían, así que rompemos relaciones. Es un tema muy serio. Hay que romper relaciones por cosas así. Sin embargo, sí quiso el Athletic sentarse a negociar por Berenguer, y les remitieron a la celebérrima cláusula (9 millones). Y también quisieron negociar el año pasado por Mikel Merino y también les remitieron a su cláusula. Así pues, ¿Por qué te enfadas? ¿De qué te sorprendes?

Parece ser que los leones tienen fama de “ricachones” en Euskadi, que cuando se encaprichan de un jugador de un equipo modesto le fichan como el que compra una barra de pan. No es un club muy querido en algunos sectores del fútbol base. Al menos, eso me cuentan amigos y conocidos vascos o que viven en el País Vasco. Prepotentes, les dicen.

Pero no es menos cierto que los clubes del entorno euskaldún le toman por el pito del sereno, como evidencian las salidas de los citados Berenguer y Merino de Osasuna. Al final, ninguno de los clubes compradores pagó la cláusula, ni mucho menos. Incluso en el traspaso de Berenguer los directivos rojillos han incluido una cláusula anti-Athletic: si el Torino vende el jugador al Athletic, Osasuna cobraría 1,5 millones de euros más. De verdad, ridículo.

Con el debido respeto, esto es de cachondeo. O sea, si me interesa un jugador de tu equipo, el que sea, me remites directamente a la cláusula de rescisión, para luego venderlo, si hace falta, a cualquier otro equipo por menos dinero. Lo que sea con tal de que no recale en el Athletic. Y luego, cuando ejecuto la cláusula, como en el caso de Areso, me montas el circo.

Me da que la cortedad de miras de los dirigentes pamplonicas es terrible. Primeramente, por tener a un jugador de la proyección de Areso, según dicen los expertos, con una cláusula tan baja. Y luego por empeñarse en llevarse mal con un equipo con el que si colaborara podría alcanzar acuerdos ventajosos para ellos, como por ejemplo, dos o tres o cuatro cesiones de jugadores que podrían resultar de gran utilidad en Pamplona. Pero no, amigos, de los rojiblancos con queremos ni la hora.

En Donosti tampoco es que sientan especial simpatía por el Athletic. Todavía recuerdan algunos doloridos el fichaje de Joseba Etxeberria y otros más se ríen a carcajada limpia recordando el de Lorenzo Juarros, Loren, uno de los más grandes fiascos de la historia del Athletic, quizá equiparable al de Roberto Ríos.

El caso es que cuando en la Bella Easo suena que el Athletic ha mirado a tal o cual jugador suyo, se le renueva inmediatamente con aumento de cláusula. Así pasó con Ruben Pardo, hoy día un jugador casi defenestrado (el año pasado jugó media temporada cedido en el Betis), con Iñigo Martínez (a puntito de recalar, si no ha fichado ya cuando salgan publicadas estas líneas, por el New Barcelona Post-Neymar de Valverde), Oyarzábal, Álvaro Odriozola … Todos ellos renovados con la cláusula tipo: De 30 a 36 millones más IVA.

El caso más reciente ha sido el de Yuri, jugador por el que el Athletic mostró algún interés la pasada temporada. Idéntica operación: renovación exprés, cláusula de 30 kilos, para ser traspasado este verano al PSG por unos 14-16 millones. ¿Cuánto habría pedido la Real Sociedad por este jugador si el equipo que hubiese llamado a su puerta hubiese sido el Athletic?

Faltaría más que cada club pueda pedir por un jugador el dinero que le plaza (y por lo visto esto verano, siempre aparece alguien y lo paga…) y tener dos o tres o cuatro estrategias de ventas diferentes según el club interesado. No seré yo el que lo censure, aunque me parezca una ridiculez. Pero por favor, luego no nos hagamos los estupendos cuando el comprador ejecuta aquello a lo que estos clubes tradicionalmente le obligan: es decir, pasa por caja y lo que ponga en el contrato. Es de una doblez moral que Osasuna o Real Sociedad remitan a las dichosas cláusulas ad eternum; y cuando el comprador así lo  hace porque el precio le parece razonable, lloran y se quejan porque los prepotentes vizcaínos no han querido negociar. ¿Y qué esperabas?

Sobre El Autor

Existen 2 frases que me definen futbolísticamente: "Ningún jugador es tan bueno como todos juntos" (Alfredo Di Stéfano) y "En fútbol se pasa de puta a monja en cinco minutos" (Joaquín Caparrós).

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