De lo más curioso de Dennis Bergkamp era su pánico a volar. En 1994 se dirigía en avión a Estados Unidos con el combinado holandés con motivo del Mundial de aquel año, cuando una serie de turbulencias le marcaron para siempre. Pero sería injusto recordar a este jugador por esta anécdota y no por sus méritos, sus títulos y sus genialidades.

Comenzó su carrera en las categorías inferiores del Ajax de Ámsterdam, principal referente de la escuela holandesa, y debutó en el primer equipo de la mano del máximo exponente del futbol holandés, Johann Cruyff. En estas primeras temporadas como profesional logró títulos a nivel nacional y europeo, anotando cifras goleadoras sólo al alcance de los mejores y logrando el Balón de Plata de 1993 como reconocimiento a su talento.

Aquel mismo año fichó por el Inter de Milán. Fue el fichaje estrella de ese año. Las expectativas eran altísimas, pero los espacios muy escasos. Además no ayudaba que el máximo rival, el AC Milan, dominara el fútbol europeo a su antojo. Pese a que lograra la Copa de la UEFA, fueron dos años sin brillo, pero que le sirvieron para hacerse un futbolista más competitivo y, pese a su frialdad, tener la osadía y experiencia para ser uno de los mas grandes del fútbol europeo.

En Milán no tuvieron la suerte de disfrutarlo, pero sí en Londres, fue en el Arsenal donde explotó nuevamente. En el conjunto “Gunner” formó pareja de baile con el mítico Ian Wright, además de compartir vestuario con jugadores de la talla de Tony Adams y Parlour. Todos ellos firmaron la etapa más gloriosa del combinado del Norte de Londres.

Solo se puede definir a este jugador como simplemente genial, con una clase y elegancia desorbitada. En su juego reinaba la frialdad y la calma, pero solo estaba esperando su momento para dar unos zarpazos increíbles. No era el típico delantero centro rematador, rápido y escurridizo, tenía el mejor control de balón del momento, y un remate con una calidad extraordinaria. Ya fuera al primer toque o con un control orientado era letal a la hora de batir el marco contrario.

Fueron pasando los años y, como humano, también a él le pasaron factura, pero no mermó para nada su calidad ni inteligencia. Simplemente se dio cuenta de que contaba con un compañero como Thierry Henry y debía echar quince pasos hacia atrás. Para lo demás, su talento innato haría el resto, y así se convirtió en el mejor pasador de la “Premier”, cayendo un título tras otro.

Con este resumen solo se puede decir, gracias Dennis por esos goles que siempre quedarán para la historia y que los amantes del fútbol te sabrán reconocer.

(Gracias a Antonio Moreno por su colaboración en este artículo)

Sobre El Autor

Nací en Barcelona y pronto adopté como ídolo a Maradona, el mejor. Más tarde conocí la clase de Van Basten, la magia de Romario, la elegancia de Zidane, volví a ilusionarme con Ronaldinho y me siento afortunado por haber visto jugar a Messi. Estilo y fantasía, así me gusta el fútbol.

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