No imagino un momento más terrible en la vida de unos padres.

Tu retoño, aquel al que no quieres que ni un mosquito pique, os dice papá…, mamá…., tenemos que hablar, sentaos por favor en el sofá. En este momento te temes lo peor, drogas, embarazo no deseado, tu cabeza va a mil revoluciones y tras un primer instante de pánico empiezas a descartar algunos pensamientos.

Vuestro hijo os mira con cara de preocupación, vuestra cara debe ser un poema, siempre habéis sido una familia feliz, y muy unida. Todos somos un libro abierto para el resto de la familia, así que recorre la habitación de un lado para otro sin saber como empezar. Por fin se decide por el camino rápido, lo mejor será decirlo sin rodeos, piensa el joven cuando se percata de que su madre ha empezado a rezar en voz baja.

Papá, mamá se escucha en el salón, ya sé lo que quiero ser de mayor: ÁRBITRO. Los padres se miran, y tras un breve instante respiran aliviados al descartar los pensamientos iniciales, pero enseguida se percatan de su futuro.

¿¿¿ÁRBITRO??? Pero ¿qué hemos hecho mal con este niño?

No creo que exista profesión más peligrosa en este mundo para la integridad física que la de árbitro. Requiere cualidades sobrehumanas dignas de un auténtico superhéroe. Tienes que ser capaz de recibir estoicamente toneladas de insultos por minutos, y no solo lo que dura el partido sino con suerte tu proeza perdurará durante días o quien sabe si años.

Cuanta templanza necesita un árbitro para no descomponerse ante protestas así

Cuanta templanza necesita un árbitro para no descomponerse ante protestas así

Tu trabajo será minuciosamente revisado no solo por “profesionales” órganos superiores y jefes, algo lógico y comprensible, sino por una ingente oleada de pseudoexpertillos, que pese a tu preparación teórica y práctica, certificados de aptitud, y demás requisitos para la obtención del título, creen que saben mucho más que tú, que estabas allí, delante de tropecientas mil personas y a pocos metros del balón, por el mero hecho de haber visto, eso si, religiosamente, un par de partidos a la semana durante los últimos años/décadas. Vaya, como tú.

Tu madre llora en el sofá mientras tu padre le agarra la mano, sin saberlo la has condenado a ejercer la más antigua profesión conocida, no habrá domingo que no te llamen hijo de ….

Empezarás por lo bajo y no serán pocos los fines de semana que tengas que poner pies de por medio para evitar una legión de enfurecidos padres que descargarán su ira y frustración en ese joven retoño del principio.

Te acusarán de venderte por unas monedas, siempre tendrás algún entrenador, otro profesional, que te acuse sin ruborizarse lo más mínimo de beneficiar al rival, nadie te felicitará por tu trabajo, salvo tus padres a los que acabas de condenar al destierro más absoluto, que obligados esbozarán una sonrisa al verte regresar a casa sano y salvo cual torero tras la lidia.

“Hay solamente una cosa en el mundo peor que hablen de ti, y es que no hablen de ti”

– Oscar Wilde –

Escrito por Guillermo de la Torre

– Sevilla –

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